Cuéntame un cuento…

La monitora insiste en que al final nos dará alguna «biografía», ¡¡¡¿la biografía de quién?!!!

La chica es maja, y seguramente estará como yo a la cuarta pregunta, intentando ganarse unos euros, o simplemente compartiendo lo que sabe, pero ¿cómo alguien que dice haber estado trabajando varios años en bibliotecas puede confundir biografía con bibliografía?

Estamos sentados en el suelo, o casi, porque yo me he pedido el puff y me lo han concedido… Contamos cuentos o por lo menos intentamos aprender a contarlos. ¿Cómo que caído en ese taller? Ni yo misma lo sé, pero no me arrepiento, todos son más jóvenes que yo, y todos manifiestan un raro interés por este género narrativo.

A mi lado se sienta una maestra, es joven, interina, y está a punto de quedarse sin trabajo… Quizá, no tardando mucho, tenga que volver a recoger niños a la salida del colegio, niños que sus padres no pueden atender, porque ¡dichosos ellos! todavía conservan un trabajo extenuante y de muchas horas.

Más para allá está Andrés, que es político, sí, así político, aunque quizá por prudencia no diga de qué partido. Quiere lanzar una iniciativa cuentacuentos en su distrito, donde pueda ir la gente a recordar aquellas historias que… Más que un político parece un profesor de literatura trasnochado, o con ganas, de esos profesores frikis que de pronto empiezan a llevar materiales raros a clase, periódicos, por ejemplo, y piden a sus alumnos que subrayen palabras o cuenten historias sobre lo que allí pone.

Nos han servido un té raro en una taza tipo mug, y me sale mug y solo mug, y no encuentro una palabra más castiza en mi cabeza, y me pongo a darle vueltas, y echo de menos el diccionario o al menos un teléfono de esos listillos con los que en un pispás te conectas a Internet y buscas en la Wikipedia o en el Diccionario de la RAE… En cualquier caso estaría feo que ahora te pusieras a consultar el teléfono, aunque muchos lo hacen en los sitios más insospechados y no se cortan ni un pelo, así que prefieres seguir dándole vueltas en tu cabeza a la búsqueda de la palabra, que con un poco de suerte el resto de los asistentes al taller no se dará cuenta de que has desconectado ya va un rato…

Le toca ahora a la chica de las gafas rosa, parece una secretaria de los años 60, mona, delgada, con un jersey ajustado y un escote en pico que deja ver parte del canalillo… Lleva unos pantalones pitillo también muy ajustados y unos increíbles tacones. En tu vida has llevado tú unos tacones como esos, ni tan siquiera cuando tenías dieciocho años y empezaste a comprar los zapatos tú solita. Claro, que cuando tú tenías dieciocho ese tipo de tacones había dejado de llevarse, eran una horterada, y más las puntas afiladas… Zapatos chatos y tacones chatos, años 60, la llegada del pop y las chicas yeyé… ¿Vendrán pop y yeyé en el diccionario? Parece que hoy eres toda tú una duda lingüística, será por lo de las biografías y las bibliografías. Te has tenido que morder la lengua para no corregirla allí mismito, pero el quinto asistente al taller se ha presentado también como bibliotecario y si él no lo ha hecho…

Te toca, te toca ahora a ti contar un cuento… y empieza a hablar de ranas y de princesas, improvisando, inventando casi las palabras…

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