Donde no llega la crisis…

Hoy toca prueba de usuario, o test de usuario o como lo queramos llamar. Literalmente en el quinto pino y la recompensa una tarjeta regalo de El Corte Inglés, que nunca viene mal para comprarse una cremita o unos moqueros, porque para esa blusa que necesitas, ¡ni de coña!, pero hay que estar en el mundo y ser visible y quién sabe si por ahí está tu porvenir.

En esa área empresarial tan moderna, a la que llega también un metro moderno, la crisis no se nota: todo está reluciente, los cristales de las oficinas, las calles, los logotipos de las entradas, aquí coches, allí seguros, allí el parque tecnológico de empresas de vanguardia. A las rosas de los jardines tampoco parece haberles llegado la crisis, pero sí una primavera adelantada, luminosas por las últimas lluvias y encendidas por el sol radiante. Ganas te dan de cortar una o varias, pero seguramente un segurata malhumorado te saldrá Dios sabe de qué garita y te sacará más colores que a las rosas.

En el centro comercial los últimos rezagados apuran sus comidas de mediodía sentados en las «terrazas» en medio de los pasillos, donde el sol llega tamizado por las claraboyas… También hay terrazas de verdad, al otro lado, y allí la gente se cobija bajo parasoles y posa sus pies en una alfombra de hierba artificial. ¡Paradojas de la vida moderna! No obstante, al personal se le ve ansioso de sol.

Pasan jóvenes arreglados pero en plan informal, que tan bien definió Martirio, con la mochila a la espalda los más arriesgados, los que probablemente se desplacen en moto, y los menos portando la bandolera del portátil, como ellas que añadirán un bolso talla XXL a su atuendo y unos increibles tacones sobre los que no entiendes cómo podrán sostenerse toda la jornada.

Las jornadas, en esos sitios donde la crisis ni se nota, son largas, la mayor parte de los que ves ir y venir, en realidad solo están en medio de ella, van camino de una presentación, a convencer al cliente de que el proyecto, su proyecto, es lo que el cliente necesita: venden soluciones y demasiadas veces y por desgracia venden humo. Un buen día el humo se disipa, desaparece, y no deja ni un mal rastro, pero mientras tanto sus trabajadores, los trabajadores del humo, salen a fumar sus cigarrillos al pie de pulcros e impolutos jardines cuajados de rosas.

El edificio que buscas no es uno sino varios, un complejo luminoso que se asemeja a uno de esos bloques de apartamentos que has dejado en la playa, solo le falta la piscina, y quizá el bar, pero no falta la máquina de café y otra de bebidas y bocadillos junto a la recepción: el espacio está vacío, los trabajadores del humo han preferido apurar sus cigarrillos junto a las rosas.

Los prolegómenos son un poco tensos, o no están muy duchos en la materia o no llevan muchas pruebas realizadas, lo que viene a ser lo mismo. Se los ve envarados, queriendo aparentar una naturalidad que no tienen, las puertas se abren posando la yema del dedo en un lector, aquí no vale perder al tarjeta, la llevas contigo, y sobre la mesa hay unas hojas unos bolígrafos nuevos, lógicamente sin mordisquear, y una hoja que deberéis firmar con las condiciones de la colaboración. En la espera se habla de cosas banales, hay quien consulta el correo en el teléfono y por los gestos quieres adivinar un tuit de aburrimiento: «Aquí en la ofi de #Patatín para la prueba de usuarios, esperando la tarjeta regalo con cara de enterados, pero #npi de qué va la cosa». ¡Qué manía de contarle la vida a todo el mundo! Bueno, al fin y al cabo tú también lo haces en este blog, así que no critiques.

Por fin llega la líder; la otra, la simpática que os había atendido hasta ahora y os había preguntado si necesitabais algo más y tal debía ser solo la secre, probablemente una víctima más de los tiempos y las ETT, con más de un idioma en su currículum, se retira discretamente para dejar sola a su jefa.

Te has prometido no hacer ningún comentario sobre la jefa, y no lo vas a hacer. Si alguien lee el blog que piense lo que quiera, porque a fin de cuentas siempre se termina dando la opinión sobre las mujeres que ejercen una profesión, o determinadas profesiones, así que cada uno piense lo que le dé la gana.

La lideresa tiene nombre, claro, pero prefieres no repetirlo porque te resulta realmente cargante, un hipocorístico exótico que quiere dar un aspecto desenfadado. Nunca te pareció serio eso de utilizar esa clase de nombres en los negocios. Con las cosas del comer no se juega. Bueno, te has prometido no hablar de ella y no lo vas a hacer. 

Los compañeros son bastante uniformes, parece que os han sacado del mismo fondo y probablemente respondáis al mismo perfil, craso error, según tú, pues el personal tiene que ser variado y allí todos tenéis cara de iros a gastar corriendo la tarjeta de El Corte Inglés.

 

Ella dice que hay también algún profesional entre los elegidos y tú te pones a pensar en quién puede ser, los de enfrente no, desde luego, que cortan el celo con los piños, y la que está a tu lado será seguramente una simple ama de casa que ha ido allí dispuesta a hacer un favor a su sobrina o al novio de su hija. La has visto hablar con alguien de la oficina sobre si le ha resultado fácil o difícil venir. Las otras dos mujeres tienen más pinta de ser profesionales del sector, probablemente con gran experiencia en su oficio y una larga carrera que han terminado allí a saber por qué.

La prueba es tediosa y un poco desilachada, pero mentalmente vas tomando nota, tomando nota de cómo lo harías tú, qué es lo que mejorarías o qué error no cometerías de estar tú en el puesto de ella, aunque probablemente tú no llegues nunca a esos niveles.

La oficina es clara, luminosa, en el piso principal las paredes de los despachos son transparentes, todo quiere ser transparente, demasiado transparente y a la gente se la ve contenta trabajando en equipo. Aquello parece una isla en medio de una España con más de seis millones de parados. ¿Dónde está la crisis?

Se termina la prueba, ella os da las gracias y desaparece, casi dirías que se desvanece, y en su lugar, como por arte de magia, aparece la simpática otra vez, que saca dos bandejas de canapés de algún lugar escondido.

Por cortesía coges el primer triangulito de la bandeja, le hincas el diente y lo encuentras terriblemente seco, menos mal que tienes agua en la botella, echas un trago a morro, los otros se aplican a los canapés de caviar, o de sucedáneo, pero a ti te educaron para comer lo que estaba en tu lado, comer poco, nunca mostrar hambre y menos ansia y siempre dar las gracias. Te comerías un canapé de salmón, pero has comprobado que la chaqueta del año pasado te está pequeña por lo que se impone empezar sin tregua la operación biquini.

De pronto a todo el mundo le entra prisa.

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