A 35º

Mira que vienes de tierra cálida y que allí, en Almería, donde vivías hasta hace poco la calor de los primeros días de julio era de temer, pero los calores de Madrid te siguen dejando para el arrastre.

Llevas una semana que solo sales lo imprescindible, y lo imprescindible es salir a por el pan, algún yogur y algo de fruta y verdura a primera hora de la mañana. Estas alimentándote solo de gazpachos, algo de fiambre y sandía, mucha sandía… También tomas tés, dos o tres al día, porque hace tiempo que aprendiste que el té caliente, aunque no quemando, ayuda a combatir el calor, y luego es encerrarte en casa, a oscuras y con el ventilador dando vueltas… No levantas la persianas, así que apenas entra luz y por lo tanto has decidido dormitar o aprovechar para escuchar música, también te pones unas cintas viejas de unos cursos de inglés que te suenan terriblemente rancios… Y sí, ves la televisión, porque a oscuras poco más se puede hacer.

Hasta te has vuelto perezosa para encender el ordenador, ¡total para qué!, y cuando abres el correo te encuentras una petición de ayuda para una traducción técnica —¡horror!— por supuesto sin ningún tipo de remuneración, y una invitación para participar en un experimento literario en la Red.

Dudas entre apuntarte a las dos cosas, a una o a nada…

En fin, dejas la decisión para más tarde. Vas a la nevera y ves con pesadumbre que te queda solo un vaso de gazpacho, tendrás que salir a por más tomates…

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