¡Veciños, veciños, roubaron o Corpo Santo!

Paisaje con árboles frondosos en primer plano y brumas matinales

¡Veciños, veciños, roubaron o Corpo Santo!

Después de tanto tiempo vuelvo a releer un libro por puro placer; y aquí estoy ante el folio en blanco, dispuesta a acompañar de nuevo a los veciños de Castroforte del Baralla en su aventura, pero empecemos por el principio:

No lo sabemos, no, no lo sabemos
ni lo sabremos, nunca
por qué hay un silencio en la mar y en el aire,
un silencio redondo de cielos acerados
rodeado de vientos…

Huele a Galicia nada más abrirla por la primera página o por cualquiera, al azar, de las intermedias. Se huele no solo la lluvia y la tierra mojada, se huele el moho de la colegiata y la empanada de lamprea, que alterna con el olor de los grelos, flotando en el patio interior; olor que se hace más fuerte y más exótico los sábados por la tarde cuando las muchachas se perfuman con pachulí los pliegues del cuello;  se huele la vida misma a través del balcón entreabierto a la Plaza de los Marinos Efesios, donde una estatua es fiel testigo del ir y venir de todos los castroforteños.

Los castroforteños y sus escondidas tertulias con nombres cercanos a la épica y al chocar de espadas, donde un solo hombre es capaz de replicarse en mil espejos de feria. Los castroforteños con un único periódico para dar fe de lo que hay sujeto a una férrea censura que comienza mucho antes de que empiece a fraguarse la noticia, incluso antes de que la noticia sea noticia y solo sea un intento de sucedido. Y entre todos ellos el protagonista, un personaje gris, vestido de oscuras ropas, que pasa sus días escudriñando los anaqueles polvorientos de la biblioteca del periódico local. Un sobrio y tísico personaje que compite con un seminarista rollizo presto a colgar los hábitos por el amor de una muchacha sencilla…, o quizá no tan sencilla, que sabe entender a los hombres.

Volver de la mano del maestro a tener que buscar en el diccionario palabras olvidadas como ese remejer, quedarse dando vueltas a las lúcidas metáforas —viruelas de luz que salen en el alma—, perderse una y otra vez en esa puntuación endiablada que te obliga a coger resuello en los lugares menos cómodos…

Seguir y seguir sumergida en las páginas gastadas por el mero amor a la lectura.

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3 respuestas a ¡Veciños, veciños, roubaron o Corpo Santo!

  1. Has descrito perfectamente la sensación del placer de leer este libro: olores y motivación. Gracias por incorporarte al Club de lectura. Doy cuenta de esta entrada tuya en la próxima entrada semanal.

  2. Me llega el olor a Galicia de tu comentario. Y el rumor de las voces castrofortinas, qué voces da la señora Benita, qué lamentos por las lampreas, veciños, veciños.
    Un abrazo, Coro.

  3. Esther dijo:

    Qué bonito! No sabía cómo huele Galicia y tan entretenida y acelerada me tiene Torrente Ballester con su sala de espejos, que se me había olvidado casi respirar. Gracias Coro por recordármelo y por traernos con tu lectura estas esencias de Galicia. Me encantan los árboles de la foto.

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