Esas mujeres… (La saga/fuga de J. B.)

Lo confieso: en cualquier libro je cherche la femme. Será mi condición femenina la que me inclina a ello, incluso en una novela con ese aire, con ese olor tan masculino, como la que tengo entre manos. Busco a la mujer y la encuentro.

Bajorrelieve con motivos marineros

El cuerpo santo llega a tierra

Santa Lilaila de Éfeso, cuyo Corpo Santo, llegó un día en travesía milagrosa a las vidas de los castrofortinos, rescatada del olvido por uno de ellos, está presente por los siglos de los siglos en sus afanes diarios.

La santa, madre nutricia, toma cuerpo, una vez robado el suyo, en la figura enlutada de una recia abacera —otra palabra que no habría que dejar morir—, mujer malhablada a la que por algo denominan, la Tía Benita dos Carallos, «por los muchos que mete en la conversación, aunque ella no tome a mal el remoquete». La Tía Benita no solo provee de víveres a sus convecinos, también sirve de refugio a personajes marginales a cambio de numerosos servicios, y algo nos dice que su influencia en el pueblo va más allá de ser la que mejor elabora la empanada de lamprea, vital para el turismo gastronómico de la zona.

Antes de ser rescatada una noche lúgubre de entre las olas, la santa, «que el cielo nos envía para nuestra piedad», tomó cuerpo en aquellas mujeres que en aldeas lejanas cantan a sus hijos canciones de esperanza, mientras los hombres se aventuran en la mar:

Xa virá o pai, meninho, xa virá.
Sin non é pol-a noite pol-a i-alba será.

Se hace carne en el pensamiento del esposo, el avezado marino que se adentra por el cuerpo santo; Columba se llama, y por ese nombre pasa a engrosar la historia o la leyenda de Castroforte.

Primer plano de mujer ataviada con traje regional gallego

Santa Lilaila es sin duda la joven Julia, cuando se esfuerza en las tareas domésticas, cuando procura un extra alimenticio a su huésped preferido, es incluso, la santa —la santa lo entenderá— cuando se deja poseer por un seminarista bajo la luz de la luna que se cuela por el balcón, o cuando termina en la cama del huésped preferido, como se cuenta de pasada en el Incipit.

Si Julia es lo cotidiano, el regazo doméstico, que se entrega en cuerpo y alma desde su libertad, la primera Lilaila representa lo excepcional, arrebatada o elevada a tareas de diaconisa o incluso diosa, por la voluntad caprichosa de los hombres que la rodean. Víctima de una violación temprana, la historia de Lilaila se despliega en dos columnas que vuelven a converger en la pista de un circo, donde Lilaila parece encontrarse a sí misma, «cantando como una pindonga» en palabras de las señoritas de la buena sociedad, a cuyo servicio la había llevado su negro destino. Sin duda fue la santa protectora la que le indicó el camino, ya que su porvenir como diaconisa de velados rituales eróticos no parecía tampoco muy prometedor.

La segunda Lilaila, y cabe la posibilidad de que sea una reencarnación de la primera, es el espíritu, la parte anímica que mueve los hilos de varias familias que se entrecruzan. Poseedora y transmisora de los secretos, siempre «de mujer a mujer», funda con los debidos permisos de más allá de las fronteras, la logia femenina Rosa-Cruz en Castroforte, a la que imponen el nombre de la santa y el apellido familiar, Santa Lilaila de Barallobre. La santa no solo se ha hecho carne mortal, sino que ha elegido familia.

La estela de esta segunda Lilaila se prolongará varias generaciones hasta extinguirse, hasta desvanecerse en las generaciones sucesivas. La tía Celinda, nieta y heredera de la labor de Lilaila, impondrá su propio sello a la logia, nada menos que una lengua propia, pero será el comienzo de la decadencia.

A pesar de ello, se nos abrirá una sucesión de tipo femeninos, de mujeres cruciales en la historia, dispuestas a intervenir directamente en ella aplicando la sabiduría acumulada desde que la santa llegó una noche de tempestad a la ciudad.

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Una respuesta a Esas mujeres… (La saga/fuga de J. B.)

  1. La novela, en efecto, es muy masculina. Nos presenta un abanico de tipos femeninos extremados. Me gusta especialmente que te hayas fijado en la Santa, inversión de valores en algunas encarnaciones y divertido guiño con el Santo, como bien sugieres en tu ilustración.

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