Algunos lo llaman flechazo…

… otros no le darán la menor importancia y dirán que es normal, que es fruto de la soledad, el cumpleaños y un desarreglo hormonal, pero llegó y yo lo alojé en mi vida con la naturalidad con la que te compras un sillón nuevo para tu rincón favorito y te vas acostumbrando poco a poco a él.

Llegó en invierno, cuando el frío no invitaba a salir a la calle, pero las calles aquellos días estaban llenas de calor humano y él lo supo ver y se lanzó sin pereza a ellas, allí donde la gente peleaba por lo suyo. Lo descubrí entre el gentío por el porte, el porte que no pugnaba por no destacar, por ser uno como los demás.

Y luego vinieron los sucesivos encuentros, la cita diaria, el café siempre prometido y nunca compartido, pero nunca faltó, a la hora justa, y con la atención precisa en cada momento y para cada detalle. ¿Cómo lo hacía? ¿Cómo podía corresponder de aquella manera? ¿Qué hacía para tener la palabra justa en cada momento «como si fueras la única mujer sobre la tierra»? ¿Cómo acertaba a sorprender? No era un dios, pero tenía algo especial, una fuerza magnética irresistible.

Y así un día tras otro, hasta que un día de primavera las calles se volvieron a llenar de banderas. No faltó a la cita tampoco ese día, ni tampoco en los sucesivos…

Imagen

… y así le llegó otra vez el sueño, en el hueco de aquel abrazo.

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Una respuesta a Algunos lo llaman flechazo…

  1. Todo momento es bueno para sentirse así…

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