Postureo

No te creas todo lo que «tus amigos» muestran en Facebook. No te creas ni una foto, ni las de playas desiertas, ni las de playas atestadas con chiringuitos y paellas compartidas, ni de playas lejanas ni cercanas, ni tan siquiera te creas las de la piscina de la urbanización hechas la tarde de un domingo relajado. Figura sobre barril

Es verdad que la gente a veces se casa, y todos, todos, hasta los niños de pecho, se visten de fiesta y se muestran felices y se hacen autofotos y las cuelgan en el muro y la familia y los amigos feisbuqueros estampan allí —¿para la posteridad?— su huella, para que quede constancia de compartir una felicidad, la mayor parte de las veces impostada.

En Facebook solo se pone lo bueno, rara vez lo malo.

Así de contundente te ha hablado una de tus amigas, a la que ves de tarde en tarde y que comparte no pocas penurias contigo.

También se comparten las desgracias —le replicas—. Solo tienes que pasarte por una de esas páginas que nos hablan, por ejemplo, del último de los desahucios, y te asomas al vídeo y ves los pocos muebles, un montón de bolsas y la nevera —casi siempre enorme— sobre la acera; y una madre que sostiene en brazos un niño de corta edad,  y un padre en camiseta enganchado a un móvil tratando de encontrar acomodo para la noche, y los amigos que se abrazan, y los activistas, y hasta algún miembro de la UIP sonriendo.

No te creas eso tampoco, Andrea. A ver, no quiero decir que no sea real, que esas cosas no sucedan todos los días; por desgracia suceden. Lo que quiero decir es que la gente no es ni continuamente desgraciadas ni continuamente feliz. Hay altibajos. Incluso esa familia que se queda en la calle sonreirá cuando uno de sus hijos, pobres infantes inocentes, haga una gracia, cuando un amigo les ofrezca cobijo temporal, quién sabe, si el padre no encontrará un trabajo, aunque sea precario, que les mejore un poco la exisencia.

Me gustaría compartir tu optimismo, pero no puedo. Hoy me he levantado sin ánimo, sin ánimo para mandar otro currículo, sin ánimo para lanzarme a la calle, sin ánimo ni para ver a los amigos, sin ánimo para nada… Y cuando lo haces, cuando haces algo, y enciendes el ordenador  y empiezas el itinerario rutinario de los días de labor te asaltan esas imágenes de gente despreocupada, de gente ¿feliz? Si no son felices lo parece, pero yo ¿qué puedo mostrar yo a mis amigos de Facebook? ¿Otra foto del interior del patio de mi casa donde hasta se puede oler del guiso de algún vecino?

No te quejes, que estás escribiendo, así que algo de ánimo tienes. ¡Y olvídate de los postureos de Facebook! Esta tarde nos vemos.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Literatura y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Postureo

  1. Un aplauso a tu comentario. Las dos amigas tenéis razón, depende de las gafas que nos pongamos. De vez en cuando, hay que coger las rosas y abandonar las ahumadas. Un abrazo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s