Era una ciudad del norte

balcónHabíamos dejado el balcón entreabierto, para que el aire de la noche refrescara la habitación.
Nos olvidamos de correr las cortinas, y llegó la madrugada.

Abrí los ojos y vi tu figura recortada en la luz matinal, giraste la cabeza y tu perfil aguileño se destacó en un claroscuro que me hubiera gustado inmortalizar. No me sonreían tus labios, me sonreía tu nariz.

No tenía la cámara a mano, entrecerré los ojos y guardé aquella nítida imagen entre los más dulces de mis recuerdos.

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