… y la lluvia

Ayer, al salir de clase, apenas andados unos pasos, sentí un par de gotas cayendo a plomo en la cara, y el suelo, iluminado a golpes por los LED, empezó a llenarse de manchas oscuras.

No reaccioné, agradecí, tras ese calor y ese agobio de toda la tarde, el frescor de la lluvia, el intenso olor a tierra mojada y el airecillo que corría y que me llegaba hasta muy adentro. Estamos en abril, el de las aguas mil.

Respiré hondo y seguí pausadamente, sin prisas hacia la parada del autobús. La lluvia arreciaba, los más jóvenes corrían a grandes zancadas hacia la parada del autobús, los más previsores abrieron los paraguas o sacaron las capuchas de sus mochilas.

Se cerró el semáforo y la luz de los focos aumentó la sensación de estar mojándome, pero dejé la lluvia caer, seguía gozando ese momento.

Se abrió el semáforo y para llegar a la marquesina tuve que sortear el charco aún palpitante de un chaparrón anterior.

charco en el asfalto con reflejo de ramas

En algún lugar de Madrid el periodista Arsenio Escolar tuitea

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Una respuesta a … y la lluvia

  1. En el charco se mira el árbol. Es muy hermoso. ¿El árbol o el charco?
    Chaparrear es un verbo que imita el ruido del agua, el más preciso.
    Un abrazo

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