Dicen que eres fea…

… dicen también que eres mágica, y que proteges, como los gatos, las casas.

Viniste de Holanda, y busqué en la alacena un plato con pinta de antiguo para ti. Perdóname, sí, el plato, creo recordar, nos lo regalaron hace mucho tiempo al comprar chocolate.

Te puse sobre el taquillón, pero hay tan poca luz que pasas buena parte del tiempo medio dormida.

—¿Y eso qué es? Un poco feica, ¿no? —deja escapar alguna visita.

Confieso que a veces me olvido de ti, de renovarte el agua, y tú, pobrecita, empiezas a encogerte, a plegarte, a hacerte un rebujo, pero te rescato y diligentemente te doy a beber agua del grifo. ¡Con qué poco te conformas!

Collage de una rosa de Jericó abriéndose

Hoy ha sido uno de esos días, y te he llevado a la cocina, y he ensayado contigo mil fotos, bajo el chorro de luz que tras la reja iluminaba el fogón. Detrás quedaba el patio y sus mil olores, y la voz de alguna vecina.

Te echado ese medio vaso de agua que agradeces y he podido comprobar como te desperezabas, como te ibas abriendo, como empezabas ese nuevo día…

Eres fea y quizás, por vieja, ya no estés en tu mejor momento.

Volverás al taquillón, junto a la bandejita de las llaves, y esperarás a que suene la llave en la puerta.

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