Juan Luis

El reencuentro con Pebble me ha llevado a rebuscar en los entresijos de Internet ¡aquellas páginas!, ¡aquellos locos proyectos!

¡Y qué alegría me ha dado recuperar a Juan Luis! Aquel personaje de aquel cuento, que ahora casi identifico con Pablo Echenique, con el que nos presentamos a un concurso del blog de moda entre los tecnies, y que por supuesto no ganamos, el concurso, digo, aunque creo recordar que quedamos en buen lugar. Juan Luis siempre me pareció muy humano.

Titulamos aquella historia Demasiado carnal porque sin duda deseábamos superar las ataduras que el cuerpo y la distancia nos imponían. Queríamos elevarnos, queríamos ser eternos.

cascada entre árboles del río Cuervo

 

 

Cao la fonte llabando
po la mañana
non yes la mio Pepina,
yes una xana…!

 

«Hay quien aspira a viajar a las estrellas en forma de bytes, —había dejado escrito su tatarabuelo, hacía más de cien años, para añadir enseguida—: particularmente me siento demasiado carnal para que me metan en un disquete». Pero, precisamente para Juan Luis, su diminuto y deforme cuerpo no había constituido ninguna rémora en  el proyecto, al contrario, había sido un factor decisivo para su elección.

Había nacido Juan Luis con un cuerpo enclenque, desproporcionado para su gran cabeza, cuerpo que fue  incapaz  de sostenerlo cuando tendría que haber empezado a caminar. Afortunadamente, la ciencia había avanzado lo bastante como para que un moderno artilugio, conectado a un pequeño ordenador de última generación, supliera sus funciones básicas y locomotrices.

Así, formando un todo con aquel artefacto que le daba un aspecto futurista, Juan Luis acudió al jardín de infancia y luego al colegio y luego a la universidad, e incluso llegó a acudir a alguna fiesta. Sin embargo,  poco a poco, se fue convenciendo de que pese a que «lo que menos importaba era el físico», según decía la mayoría que llevaba generaciones conviviendo en un mundo virtual, nunca llegaría a ser un chico como los demás.

Su extraordinaria inteligencia, máxima nota en todas las pruebas a las que le habían sometido, lo metió sin problemas en el proyecto de investigación más avanzado de su universidad. Todavía recordaba la mañana aquella en la que el jefe los había reunido para con  sumo secreto contar a los preseleccionados en qué iba a  consistir la siguiente etapa. Había un cierto riesgo y sobre todo mucha, demasiada, incertidumbre como para que aquel grupo de destacados diera un paso adelante sin titubear…, y se pidieron voluntarios.

Todos se miraron de reojo, nadie se atrevió allí mismo a dar el gran paso. Cabizbajos volvieron a sus puestos de trabajo.

Juan Luis no fue una excepción, pero al volver a su casa aquella tarde, al entrar en el ambiente familiar que tan gratos recuerdos le traía, las palabras escritas por su antepasado a finales del siglo XX, se le vinieron a la memoria. Él apenas tenía cuerpo, tan  solo unos ridículos kilos de masa muscular y ósea, él apenas necesitaba comer para mantenerlo y si bebía algo era sobre todo para no aparecer como demasiado raro en las reuniones con los amigos. ¿Qué tenía él que perder? La humanidad estaba a punto de dar otro gran paso y él podría contribuir en gran medida… Antes de dormirse ya sabía cuál iba a ser su futuro.

Sin embargo, sí sintió miedo cuando todo empezó, cuando lo conectaron a aquel aparato que iba a darle una nueva materia, un nuevo soporte, a convertirlo en … Sí, todas y cada una de sus células iban a ser digitalizadas, convertidas en puros símbolos antes de emprender el Gran Viaje; luego tratarían de recomponerlas en algún otro lugar del universo. La fase más delicada del proyecto había comenzado y Juan Luis sintió miedo… pero en seguida, sintió su presencia, Ella, tal como le había prometido, estaba allí a su lado…
Ella era sin lugar a dudas la más curiosa de todas las hermanas,  a la que más le gustaba abandonar las aguas familiares y adentrarse en los bosques e incluso en las ciudades. Sus mayores no siempre aprobaban su conducta, pero cuando se nace rebelde y aventurera, cualquier límite, por amplio que sea, se queda pequeño demasiado pronto.

De su primer encuentro había transcurrido un año y como no podía ser de otra forma ocurrió en la noche de San Juan, en esa noche en que a las xanas les está permitido corporizarse y gastar bromas a los incautos  mortales… Ella abandonó el bosque y llegó a los límites de la ciudad, al campus universitario en el que según contaban, encerrados en herméticos edificios blancos, con hermosos ventanales que jamás se abrían, trabajaban  cientos de nuevos genios. Era de noche y todo estaba a oscuras, todo no, casi todo… Ella se deslizó por los pasillos burlándose de los agentes de seguridad que creían ver sombras en sus monitores, sombras que desaparecían al enfocar la imagen… Tuvo el tiempo justo de adoptar el uniforme de una limpiadora humana antes de que Juan Luis se volviera para mirarla, al notar su presencia. Pero Ella también recibió su ración de sorpresa: se encontraba ante una especie de robot metálico, vestido con un holgado pantalón de color crudo y una amplia camiseta, que dictaba órdenes al dispositivo de entrada de datos que tenía delante… El robot era a la vez su propia silla, es decir tenía las piernas flexionadas en ángulo recto a la altura de las rodilla y al girarse, en un movimiento que le recordó las sillas giratorias convencionales, pudo ver que la parte superior del robot era humana, una enorme cabeza adornada de una corona de rizos rubios le sonreía…

—Tarde para andar trabajando —dijeron casi a un tiempo, para pasar a continuación a reírse con todas sus ganas.

A Ella le resultaba un poco difícil seguir las frases  que Juan Luis iba diciendo,  su voz de xana, hecha para el canto, resultaba inapropiada en una conversación  normal y su preciso vocabulario, hecho para montes y ríos, no le permitía desenvolverse con naturalidad en el mundo de los humanos, pero ¿estaba ante uno de ellos?

Ella no entendía de las cosas que Juan Luis, entusiasmado por haber encontrado una presencia humana tan cerca, se había empeñado en contarle algo del proyecto que traía entre manos, le hablaba,  pero le gustaba oír su voz y ver cómo se movía el perfil de su cabeza rubia… Juntos pasaron la noche y juntos vieron amanecer tras los ventanales por los que no entraba la brisa de la mañana… Ella se despidió, al hacerlo posó sus labios en la cabeza rubia y Juan Luis se sintió feliz,  Ella prometió volver y desapareció por el pasillo antes de Juan Luis pudiera acompañarla hasta la puerta.

Durante el año que había transcurrido Ella, sin poderse materializar, sin poderse encarnar en cuerpo ni objeto, le había hecho notar su presencia… Juan Luis, que quizás tenía una sensibilidad inusual, había sabido captarla y había sabido adaptarse a las circunstancias, las citas habían ido en aumento y  la gran sorpresa y la gran esperanza llegó el día en que Juan Luis le habló de la nueva fase del proyecto, aquella en la que le iban a despojar del poco cuerpo, de sus pocas células, convertir toda la información que portaban en materia digital y lanzarlo a un viaje  que iba a traspasar las fronteras del tiempo y del espacio.

—¿Podré ir contigo? —preguntó Ella entusiasmanda— yo no tengo cuerpo. Puedo ir donde dices y más allá.

Juan Luis titubeó un poco, la responsabilidad del proyecto, la posibilidad de que todo fracasara porque una xana hubiera metido su naricilla en él comenzó a rondarlo. En otras condiciones, en otro tiempo, lo inmediato hubiera sido poner en conocimiento de su director la circunstancia, pero la respuesta la sabía de antemano y no le gustaba. Él sería retirado inmediatamente, buscarían a otro, nadie se fiaba de las xanas, que a fin de cuentas obraban por sí mismas… y era su proyecto, pero era algo más.  Juan Luis, como Ella, había entrevisto la posibilidad de una vida nueva allá en las estrellas, allá en ese mundo digital, donde despojados de las ganga de sus cuerpos, solo la palabra, las ideas y los sentimientos cuentan. Juan Luis sabía que la unión con Ella allá era posible…

El gran momento había llegado, Juan Luis cerró los ojos y no pudo evitar que un escalofrío recorriera su cuerpo,  estuvo a punto de gritar que pararan el proyecto, de hecho creía haber gritado, pero nadie  pareció oírlo. Todo siguió su curso y de pronto sintió un dolor agudo en el cerebro y un relámpago recorrió su minúscula columna vertebral, gritó, gritó de dolor, de tensión…

… y relajado fue a esconder su rubia cabeza en los brazos amorosos, inexistentes pero tangibles, de una xana juguetona que acababa de ver colmada su felicidad. En no importa dónde, un equipo de investigadores levantaba sus copas porque se había dado un gran paso en el camino hacia una nueva era totalmente digital.

Relato presentado en el 2000 al concurso de cuentos de Barrapunto.

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