Los sueños sueños son

Me invita Concha a una de sus caminatas por la sierra pobre. Jueves es un día poco habitual, así que vamos los justos.

paisajedemontaña

¡Un día estupendo! Paisajes que te invitan a disfrutar y pararte, algunas vacas casi perdidas, una ermita derruida, de la que apenas quedan en pie unos pocos muros, un pueblo sin habitantes y el refrigerio final en un restaurante para turistas rurales degustando un buen guisado de cabrito.

¡Tras varias horas andando entra todo!

Vuelvo cansada a casa, pero el cabrito no me ha quitado el hambre, así que me preparo unas patatas, un par de huevos y tomate en abundancia. Literalmente me como media barra de pan, una pera y enciendo la tele.

Durante unos minutos contemplo el cuerpo de Eusebio Poncela y unos primeros planos inquietantes. Busco en Internet algo sobre esa película que parece hecha para intelectuales, ArrebatoAguanto unos minutos más, pero termino por irme a la cama, no sé si el cansancio va a hacer que me duerma pronto.

Sueño, sueño sueños inquietantes, de los que me despierto con esas ganas de hacer pis que me lleva al cuarto de baño cuando en la casa no hay ninguna luz encendida. Sueño que vuelvo a trabajar, las oficinas están ahora en el sótano, sí en el sótano, mejor dicho en la salas de calderas del edificio de oficinas. Por suerte me encuentro a Quijano en los ascensores. Según descendemos nada me hace sospechar lo que me voy a encontrar. Un laberinto de cemento gris queda al otro lado de la puerta del ascensor, Quijano me deja pasar, pero se adelanta para adentrarse en el laberinto. ¡Menos mal que te he encontrado! Todo está gris, desconchado, viejo… y por el camino nos encontramos con alguna figura a la que dejamos pasar haciéndonos a un lado.  El laberinto se ensancha un poco, lo suficiente para dejar espacio a una fila de seis mesas arrimadas al muro, Quijano deja una carpeta en la primera, y me señala la última: Esa será tu mesa.

La sala es como un vagón de tren por la que no deja de pasar gente… No se me quita de la cabeza el correo urgente que debo enviar antes de mediodía, me juego mucho pero alguien se juega más que yo, pero no tengo ningún artilugio en mi mano con el que pueda hacerlo, pero cada minuto que pasa me obsesiono más y más: Por favor, que no se me olvide, que no se me olvide.

Quijano se disculpa y una figura estilizada, vestida con falda tubo oscura, blusa clara y zapatos de tacón alto  —todavía hay quien viste así— me guía otra vez por el laberinto hasta el Departamento de RR. HH. donde tendré que firmar los papeles. Por el camino siento una sensación muy desagradable, algún retrete veo sin puerta, retrete de paredes desconchadas con una taza más desconchada aún de los años 50.

Veo numerosas cafeteras al pasar por los vagones, y en uno de ellos encuentro a alguno de mis viejos compañeros, están allí, solo que algo más oscuros y más tristes. No me invitan a café, pese a que la mayoría tienen su taza humeante en la mano, Mariví agacha la cabeza y se disculpa por tener mucho trabajo y no poder atenderme. De mis antiguos jefes, el Albert y la Mónica, no hay ni rastro, Quijano va a ser ahora mi jefe, ya me lo ha dicho la figura de la falda tubo y tacones altos, que se llama Ana. No me importa que sea mi nuevo jefe, a pesar de sus muchos defectos como persona, siempre fue un buen colega, y me alegro de que haya promocionado.

El departamento de márketin es más amplio y mas bullicioso que el resto, delante de los pupitres hay apiladas chocolatinas y galletas, veo a Susi en el centro y me ofrece amablemente una lengua de gato de chocolate, en una especie de arcón delante del ordenador tiene, calculando a ojo, varios kilos. ¿Para qué querrán tanta galleta y tanto chocolate en el departamento de márketin? La chocolatina me endulza un poco el camino, y también la presencia de Susi. Si ella está también allí… ¿Por qué nos habrán hecho regresar?

Sigo obsesionada con ese email que tengo que mandar antes de mediodía —no te olvides de copiar a Carlos— y mientras espero por los papeles, le pido a una de las chicas que ocupan el vagón que si me deja un momentito usar su ordenador para mandar une mail urgente.

La interpelada, a la que conozco de siempre, se pone colorada, y muy nerviosa me contesta:

—Imposible, lo siento, está estrictamente prohibido —y vuelve a sumergirse en su tarea.

¿Qué está prohibido? Firmo los papeles.

—Tu jefe te dará el resto de la documentación —y vuelvo, siempre acompañada por Ana, a desandar lo andado.

Paso de nuevo ante el escritorio de Mariví.

—¿Me podrías dejar un momentito mandar un email?

Otra vez una negativa amable y un agachar la cabeza.

Quijano abra una bolsa de plástico y me da un trozo de plástico sujeto con una pinza, saca un papel adhesivo donde pone mi nombre.

—Con esto es suficiente, pero llévalo siempre puesto. Es cortesía y costumbre que te presentes en voz alta al resto de tus compañeros, pero siempre debes llevar tu nombre bie visible.

Pedro Arranz —¿no estaba en algún lugar de Galicia?— aparece saliendo de las sombras, o del muro, o de la nada.

—No he podido venir antes —dice, y me planta dos besos de compromiso.

¡Han pasado veinte años largos y me saluda con aquella frialdad, con aquel distanciamiento!

Aprovecho y me vuelvo al resto del vagón:

—Soy Andrea Fernández de Alvear —¿realmente es ese el nombre que digo en voz alta?—vuestra nueva compañera.

Pedro Arranz ha vuelto a las sombras, Quijano me entrega un paquete minúsculo a la vez que se disculpa.

—Había pedido para ti un notebook, pero solo he conseguido esto.

No sé todavía qué es «esto», pero me rebelo.

—¡Vamos! Tú conseguías buenos ordenadores para todo el mundo —le espeto, mientra pienso—: ¡Al menos podré mandar ese correo!, o eso espero.

Me despierto con ganas de hacer pis y al encender la luz veo la cama excesivamente revuelta.

ingenio

De vuelta del cuarto de baño entreabro la ventana. Dejo que entre el fresco, casi frío de la madrugada. Todavía puede uno recibir ese fresco en la cara, y me arrebujo bien en la manta.

Apenas una hora después los habituales ruidos del patio y un lejano aroma de café se cuela por la ventana.

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2 respuestas a Los sueños sueños son

  1. La sierra pobre es muy rica. Después del cabrito y el resopón tuviste una pesadilla para pensar.
    Un abrazo, Coro.

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