Tomás Rodaja, el licenciado Vidriera

Tomás Rodaja apenas tiene once años cuando lo descubren dos estudiantes ricos en un paseo por las afueras de Salamanca.

remate de columna con rostro humano

Al preguntarle por su nombre y procedencia, el muchacho contesta con evasivas, del nombre de su tierra no quiere acordarse, pero tiene muy claro a lo que viene a Salamanca: a estudiar.

Los estudiantes lo acogen «dándole estudio de la manera que se usa dar en aquella universidad a los criados que sirven».

Dice llamarse Tomás Rodaja «de donde infirieron sus amos, por el nombre y por el vestido, que debía de ser hijo de algún labrador pobre».

Sabido es la importancia que da Cervantes a los nombres, cómo los trabaja en su íntimo significado, empezando por Cide Hamete Benengeli, el supuesto autor del Quijote, para algunos el propio nombre del autor puesto en árabe, cómo le gusta jugar con ellos, dejando siempre un punto de duda a la verdadera identidad: Quijano, Quijada, Quesada…

Tomás Rodaja, extraño apellido que lleva implícita la humildad y hasta el desprecio que puede infligir una sociedad jerarquizada, demasiado preocupada por el linaje.  Rodaja es un diminutivo, una rueda pequeña según el Diccionario de Autoridades. Sin embargo, desde la sencillez de los que no tienen ni siquiera un nombre eufónico, el muchacho es despierto y consigue seguir estudios con éxito.

Cuando sus amos terminan sus estudios y vuelven a su lugar de origen, Málaga, Tomás Rodaja decide probar suerte en la milicia siguiendo los pasos de un capitán de sonoro nombre, Diego de Valdivia, que le pinta la vida del soldado con vivos colores. Acepta Tomás Rodaja la invitación del capitán, pero con la condición no «sentar debajo de bandera, ni poner en lista de soldado, por no obligarse a seguir su bandera».

En condición tan excepcional, y cambiando sus ropas talares estudiantiles por las de papagayo, Tomás Rodaja recorre Italia y Flandes, cata las principales ciudades y bebe los vinos de las mejores cosechas en las bien servidas hospederías. En Flandes comprueba, con disgusto que «todo el país se disponía a tomar las armas», por lo que piensa que es el tiempo de volver a sus estudios en Salamanca. Vuelve a la ciudad de sus estudios «sin haber visto a París, por estar puesta en armas».

La guerra no parece atraer a este discreto estudiante, hombre de mundo, que sigue llevando con orgullo el nombre acomodaticio que dio siendo un niño y bajo el que se licenciará en leyes.

No podía salir todo bien y un membrillo envenenado se cruza en su camino proporcionado por una aviesa mujer que trata de obtener sus favores. Sale mal el supuesto hechizo y el desdichado Tomás pasa de catar la dulzura de la fruta a consumir el amargor de la enfermedad.

Superado el efecto inicial del veneno, Tomás pasa seis meses en la cama y cuando se levanta se encuentra convertido en hombre de vidrio. Ha nacido el licenciado Vidriera, nombre que responde a su nueva carnalidad como el de Rodaja había respondido a su fabricada personalidad cuando tan solo era un muchacho en busca de fortuna.

El licenciado Vidriera adquiere fama en la corte por sus acertados aforismos. No hay persona ni personaje en aquella bulliciosa sociedad donde la apariencia triunfa que no sea vista y analizada por la el vidrio de la lente del licenciado, que cual científico somete las muestras sociales a la lupa de su ojo observador.

Por caridad cristiana, un buen fraile lo cura, y recuperada la razón, Tomás recupera también su título de licenciado y probablemente su apellido original, Rueda,  dispuesto a ejercer su magisterio en leyes en la corte.

La sociedad, sin embargo, no parece dispuesta a admitir a ese licenciado Tomás Rueda, vestido apropiadamente y con despacho abierto en calle principal.

Y el licenciado Rueda, haciendo honor una vez más a su nombre, emprende el camino de Flandes, a la rueda a la rueda, en busca de fortuna como antes, de joven, lo había emprendido con intención de conocer mundo.

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4 respuestas a Tomás Rodaja, el licenciado Vidriera

  1. En esta novelita de Cervantes hay una amarga crítica a la sociedad envuelta en un amable argumento. Pero su dureza está ahí: hipocresía, dificultades para superar el origen en un mundo jerarquizado, crueldad… Qué actual me ha parecido siempre. Gracias por volver a comentar las propuestas de lectura.

  2. Luz del Olmo dijo:

    ¿ Que pasaría si todas las personas fuéramos transparentes? ¡ Cuánta sorpresa habría a nuestro alrededor! ¿ Por qué siempre nos gusta más lo real que lo irreal?

    Un abrazo

  3. Cervantes se fue a Italia muy joven, a servir a un cardenal imberbe. Veo reflejado al joven Miguel en Tomás Rodaja, un joven estudioso pero atraído por la aventura. Rueda y rueda, y vuelve a rodar, así fue su vida. Qué peligrosos los membrillos si los ofrece una mujer, qué verdades dice el loco…Compartimos la lectura y es más que lectura. Besos, Coro.

  4. ¡Qué importantes son los nombres en las novelas!
    Ciertamente un retablo de personajes, una Colmena del siglo XVII.

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