Membrillos envenenados

Recuerdo aquellas meriendas de nuestra infancia con los bocadillos alineados sobre el mármol de la cocina, y nosotros corriendo por el pasillo, abandonando alocadamente las carteras en nuestro camino.

membrillo

La carne de membrillo nos la solía mandar la abuela, a la que a su vez se la mandaban desde un pueblo de Ávila donde había estado sirviendo durante la guerra. La carne se conservaba en la despensa, en latas que se guardaban limpias año tras año, como si de un tesoro se tratase.

Cuando el membrillo iba escaseando, mi madre se las arreglaba para alargar las meriendas, cortando las láminas muy finas y añadiendo una lonchita de queso.

Sucedió que en este tiempo…

A Tomás Rodaja lo envenenó una mala mujer con un membrillo —¿cómo pudo caer en la trampa, siendo el membrillo fruta tan poco deleitosa, según cuentan?— de tal modo que en un primer momento comenzó a herir de pie y mano a los presentes, y luego estuvo varios días sin volver en sí y cuando volvió dio cuenta de lo sucedido, pero ya era demasiado tarde, y todavía pasó seis meses en la cama.

¿Qué pasó en aquella alcoba? ¿Qué clase de veneno le dio aquella mujer? ¿Por qué parece huir Tomás Rodaja de las mujeres, no conociéndosele en su periplo por Italia ninguna distracción al respecto? Myriam nos dio algunas claves, pero ¿quién ha conocido labrador sin mujer, estudiante sin amores y soldado sin visitadoras?

Fuera la ruda o haber comido el membrillo «por mala parte» a Tomás Rodaja aquel membrillo le iba a dar la fama en su nueva condición de loco.

Mi abuela guardaba la golosina de la merienda en cajas de lata  y cuando la ocasión se le presentaba también algún oloroso membrillo entre la ropa blanca.

#Recuerdosdelainfancia

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2 respuestas a Membrillos envenenados

  1. El sabor del dulce de membrillo… solo o con queso. Al pobre licenciado le sale el gusto por las mujeres casi forzado y le tocó envenenadora…

  2. El veneficio resultó ser venenoso. La mala mujer quiso su beneficio y, despechada, emponzoñó el membrillo con un filtro de amor, a ver si te enteras Rodaja. Nada que ver con el membrillo amoroso de tu abuela. El de la merienda y el del armario.
    Si lo partimos por la mitad vemos que la naturaleza se imita a si misma.
    Besos

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