La Chispa

La mayor parte de los que andamos en este club, La Acequia, leyendo y comentando El alcalde de Zalamea nos hemos fijado de una forma o de otra en la Chispa, la soldadera que junto a su compañero Rebolledo dan el contrapunto a los grandes ideales o grandes pasiones que mueven a los protagonistas en la trama central.

Grandes personajes secundarios con problemas cotidianos y ambiciones modestas que nos hablan y mucho de la forma en la que la gente corriente vivía allá por el siglo XVII.

Estamos acostumbrados a que la historia y el arte nos acerquen a la parte más vistosa de los ejércitos, hombres bien uniformados y perfectamente formados empuñando sus armas con gallardía, marchando con aire marcial a las campañas; pero esos hombres comían, bebían, dormían y tenían que satisfacer otras necesidades básicas, entre ellas, naturalmente las de una vida sexual satisfactoria que ayudara a mantenerlos en un buen estado físico. Detrás de esos ejércitos espectaculares, fuera de foco, se movía otro ejército de provisores entre los que no faltaban las prostitutas, como unas proveedoras más.

Ya desde el Imperio romano el celibato de los soldados fue una cuestión militar de importancia. Se sabía que las mujeres cerca de los soldados no solo servían para atenderlos en sus necesidades, también ayudaban a mantener alta la moral de las tropas, y como efecto colateral, aunque no importara mucho entonces, evitar también la violencia contra las mujeres en los lugares ocupados. Sin embargo, mantener mujeres «legítimas» cerca de los soldados suponía una carga económica importante, sobre todo si el soldado moría, ya que el estado tenía el deber moral, cuando no legal, de socorrer a las viudas y a los hijos. La preferencia de los ejércitos por soldados célibes ha sido un hecho a lo largo de la historia de España, y recordemos que hasta hace muy poco los militares necesitaban permiso para contraer matrimonio.

Al entrar en estos terrenos no puedo por menos que recordar con una sonrisa a aquella compañera de la normal casada por el sindicato de las prisas con el novio que a la sazón se encontraba haciendo la mili en Melilla. Al cuarto mes de embarazo, susto por medio y amenaza de aborto, una ambulancia la lleva al hospital militar. El marido en Melilla marcando el paso y un compañero de servicio en sanidad militar se le acerca y con timidez le coge de la mano: «Tranquila, que a mi hermana también le pasó lo mismo pero tiene un meón que va para capitán general». Luego al contárnoslo, porque fue solo un susto, nos decía que ni tan siquiera sabía cómo se llamaba aquel soldado y que nunca se hubiera imaginado el trato dado a la mujer de un mero chorchi.

Volvamos al siglo XVII. Detrás de los tercios se movían gran número de personas: oportunistas, frailes, menesterosos, gentes de toda condición que trataban de ganarse la vida atendiendo a las necesidades de los soldados, y por supuesto entre ellos estaban las prostitutas. El personaje de la Chispa nos presenta un tipo especial y si se quiere privilegiado dentro de esa muchedumbre, era la mujer de un solo soldado, y por lo tanto él sería el encargado de mantenerla, ninguna carga para el estado. Si Rebolledo tuviera la desgracia de morir, la Chispa se vería obligada a buscar otro protector dentro de la compañía o ir a parar al fondo del fondo del acompañamiento, allí donde tan solo llegaban las migajas.

Agustina-de-aragon-comic

No cabe duda de que cuánto más habilidades tuvieran estas mujeres más posibilidades tenían de medrar dentro del ejército como «acompañantes» de los soldados. La Chispa sabe cantar y bailar, sabe entretener, pero obviamente eran muy buscadas las que sabían preparar la comida, remendar la ropa y llegado el caso tener listas las armas. De la oportunidad de empuñarlas ellas mismas cuando el hombre al que servían caía en acción tenemos una buena muestra en nuestra legendaria Agustina de Aragón, personaje sobre el que se urden más leyendas que realidades, y que según la Wikipedia, al término de la guerra recorrió España como animadora de los ejércitos en los que se había hecho muy popular. Lenguas más viperinas, pero probablemente más realistas, aseguran que en realidad ejercía la prostitución de la que la sacaría su segundo marido, un médico sevillano con el que se casó en Valencia.

La Chispa aparece en escena en traje de hombre, aunque nada digan las acotaciones de Calderón al respecto, la feminidad de estas mujeres era también a menudo cuestionada, «barbada el alma nací» dice la propia Chispa reivindicando ese punto de masculinidad y arrojo que le hace correr los mismos peligros que su hombre, y sin duda así era, una vida nada «regalada» la de estas mujeres. Rebolledo se muestra orgulloso de ella y no dejan de reconocerlo los compañeros, probablemente con algo de envidia

¡Viven los cielos, que eres
corona de las mujeres!

No quiero cerrar este homenaje, porque lo es, sin hacer referencia a las llamadas adelitas, las más famosas de las soldaderas, las de la Revolución mexicana y a la figura que les dio nombre: Adelita, aquella que «hasta el mismo coronel la respetaba».

 

Anuncios
Esta entrada fue publicada en El alcalde de Zalamea, La Acequia, Lecturas, Personajes. Guarda el enlace permanente.

5 respuestas a La Chispa

  1. Calderón es benevolente con Chispa, no es un personaje antipático, todo lo contrario. Tampoco carga tintas contra Rebolledo, le arrastran las deudas. Y ,sin embargo, ayudan al capitán a cometer su fechoría.
    Ahora que lo dices, seguro que la Chispa o las chispas que conoció Calderón lavaban ropa y guisaban. Un poco trovadoras, un poco tahúres…no conocemos mucho de su vida. En algunos casos, rozarían o darían de lleno en el oscuro mundo de la prostitución. O seguían a un soldado en concreto,como es el caso de Chispa que decía tener mejor acomodo en cierta casa y lo dejó todo por amor. Rebolledo se preocupa por ella,la quiere.

    Buen trabajo el tuyo. Gran personaje Chispa que pasa desapercibido.

    Un abrazo

  2. Está aún por escribir el libro de historia que recoja y documente sólidamente y desde una perspectiva de género la presencia de estas mujeres en los ejércitos del Imperio español. Y sería necesario. Por ahora tenemos que conformarnos con los datos extraídos de las obras de aquellos tiempos. Como bien señalas, Calderón sabe llamar la atención sobre un personaje no solo secundario sino también mal visto socialmente.
    Excelente.

  3. Un amigo y colega refranero ha estudiado algo de la presencia de la mujer en los ejércitos, desde la perspectiva que nos dan los refranes. Un aperitivo en este artículo http://cvc.cervantes.es/lengua/paremia/pdf/014/005_alvarez.pdf

  4. Paco Cuesta dijo:

    Gran acierto este trabajo sobre un personaje que en absoluto como demuestras es secundario. Nosotros lo convertimos en tal ofuscados por el tiempo de permanencia en escena.
    Gracias..

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s