Ramón Buenaventura

Desde su cuenta de Facebook, Ramón Buenaventura, nos invita a visitar su librillo y a descargarnos gratuitamente algunas de sus obras, incluso alguna inédita. Ante tal tentación, no puedo por menos que descargarme una de ellas, El último negro, y dar las gracias educadamente.

El título no puede ser más atractivo. Sí, yo también fui negra.

Conocí a Ramón Buenaventura a raíz de la publicación de El año que viene en Tánger, novela que no sé por qué me llamó la atención enseguida,  aunque si no lo hubiera hecho, el círculo selecto de amigos de por entonces ya se había encargado de ello y de ponerme en aviso sobre aquel raro ejemplar en el panorama literario.

—¿Habéis leído la novela del hermano de Íñigo?

No tenía ni idea de que aquel autor, cuya lectura me estaba resultando tan interesante y atractiva, era hermano de un tipo estirado al que me habían presentado poco antes y que firmaba casi todo como ÍSP.

Ramón, ÍSP y Alberto eran amigos de la infancia tangerina, hijos de funcionarios de aquellos años cuarenta y cincuenta, en los que África significaba doble sueldo y doble puntuación. Algo de eso también sabíamos en casa, aunque nosotros nunca llegamos a hacer las maletas rumbo al sur.

murallacongaviotas

Por aquel entonces, aparte de traducir y escribir, publicaba en una revista de kiosko, una serie de artículos sobre Internet dedicados al gran público. Él no es que controlara en exceso los secretos técnicos de la Red de Redes, pero sabía experimentar, es decir meterse sin miedo en todos los charcos, y luego contarlo.

Yo hacía algo parecido con mis ensayos de la literatura hipertextual, y por alguna razón me empeñé en ver en la novela de Ramón Buenaventura una novela hipertextual impresa. Muchos eran los detalles que me llevaban a esa percepción: la distinta tipografía, los textos paralelos, los anclajes textuales que te devolvían algunas páginas hacia atrás o te hacían saltar algunos capítulos hacia adelante. Nada nuevo, pensarán algunos, porque ¿quién en llegando a un punto determinado en la lectura no ha pasado hojas rápidamene hasta llegar al desenlace? ¿Quién no ha vuelto para atrás varias páginas en busca de la descripción de aquel personaje que de pronto toma vigor? No, no se trataba de eso. La novela de Ramón era otra cosa, se notaba una novela hecha con ordenador y tratando de agotar las posibilidades que brindaban las nuevas herramientas de software, principalmente en la edición de textos.

Durante un tiempo El año que viene en Tánger fue uno de mis libros de cabecera; luego cambiaron los tiempos y varias mudanzas se sucedieron y aquel libro se quedó atrás.

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