Bakea orain

La prensa y la televisión apenas cumplieron con sus deberes informativos cuando dieron la noticia de su muerte. Su muerte solo había sido un efecto colateral, la noticia importante era otra.

Kantauri_itxasoa

Kantauri itxasoa

Pero aquella tarde, aquella noche, al día siguiente y al otro, en el Instituto Anatómico Forense, para la familia y amigos de Juan Carlos, el resto del mundo no existía. Existían ellos y existía su dolor comparable al mayor de todos los dolores contabilizados aquel día.

Se llamaba Juan Carlos, tenía veinticinco años y se puso nervioso cuando un policía se fíjó en su aspecto desaliñado entre la multitud de curiosos. Lo que pasó después no lo vayan a buscar en los periódicos, porque nunca vio la luz.

(Viejo texto encontrado al azar entre viejos papeles.)

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