Pelos

 

hierbadelmuro

—¡Hija, te vas a ahogar! ¿Por qué no te quitas la rebeca? Esa camiseta es preciosa y no te luce.

Almería, una noche de noviembre más bien calurosa. A la fiesta se preveía que iría la crème de la crème local, y alguna figura llegada de Sevilla, de Madrid o incluso de alguna capital europea de esas que pintan en el panorama cultural. Los premios eran modestos pero atractivos, y por una de esas suertes nos habían invitado y no podíamos decir que no. Además nos apetecía, ¡qué caramba!, nos apetecía ser testigos presenciales de lo que al día siguiente la prensa local exageraría hasta límites prohibidos por la lógica.

No voy a decir que la invitación me había pillado en bragas, pero casi. Mi vestuario nunca fue ni amplio ni surtido, un par de pantalones, un par de camisetas, algún suéter… Mi presencia en las bodas de la familia quedaba ya lejana y mi cartera, para variar, no andaba tan repleta como para poder gastarme un dineral para una noche.

Afortunadamente el clima de Almería es benévolo, aunque esté avanzado el otoño, y podría salir del paso, e incluso estar razonablemente elegante, con esa falda étnica, esa camiseta escotada negra y esa chaquetita calada que lo mismo servía para un barrido que para un fregado. Además contaba con un pañuelo de seda auténtica y colores vivos que combinaban perfectamente con la falda. ¡Estaba salvada!

Sí, pero ¡me había olvidado completamente de los pelos!

Y Maria, mi gran amiga Maria insistía una y otra vez, en aquel salón con climatización regular, lleno de gente, en que me quitara la chaqueta.

Al final, en un aparte bajé la voz y le susurré:

—Voy sin depilar.

Maria soltó una carcajada que hizo volver algunas cabezas:

—¿Y tú no sabes que eso excita a muchos hombres?

Enrojecí hasta en la foto del carné de identidad y recé todo lo que sabía para que aquella frase suya hubiera quedado entre ella y yo. Creo que solo la gran amistad que nos unía superó aquella anécdota.

Hoy, ante la polémica veraniega #pelossí #pelosno, que seguro que ha lanzado alguno de esos mirones que se excitan con lo más insospechado, recuerdo aquella noche y recuerdo a Maria, tan fresca, tan joven, tan vital, tan poco convencional…

 

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Una respuesta a Pelos

  1. Hay quien no se puede quitar la rebeca. Ni el plumas en invierno.

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