La foto

Yo no estaba en la foto, así que para ilustrar esta entrada he tenido que echar mano de una cualquiera, de una de lo más convencional, aunque no creo que de haber conservado aquella foto,  a mis compañeros les hubiera gustado verse en ella —¡o sí!— tantos años después.

Málaga_la_nuit

Marbella, hotel Don Pepe, final de la década de los ochenta. Convención de ventas, trajes de fiesta, algún atuendo serio pero no demasiado formal para las charlas de mañana, ropa deportiva para los momentos de esparcimiento, y ¡sí!, ¡no os olvidéis del traje de baño!

Tarde relajada en la playa después de una mañana intensa, los bikinis y las toallas playeras salen de las maletas, los que no han sido precavidos improvisan o se compran un short para salir del paso en una tienda próxima. La mitad se baña en el mar, la otra mitad simplemente se relaja tumbada en la orilla.

Y a alguien se le ocurre la idea: «Venga, foto de familia, no seáis vergonzosos, venga, todos aquí». Los jefes, siempre tan dinámicos, son los que más animan, alguno se hace el sueco, pero de la foto no se escapa nadie.

Y de vuelta a la oficina, acabada la convención, pasa la foto de mano en mano en los corrillos de la máquina del café, hay risitas, disimulos, codazos, y sin que nadie lo remedie en pocos días, cuando el episodio está empezando a olvidarse, aparece el boletín mensual y la famosa foto en portada.

Cuca, la administrativa de Nóminas que siempre parece estar enfadada, ruge: «¡Indecente! ¡Esta foto es una auténtica indecencia! ¡Vergüenza les debía dar!».

Y muy digna agarra la revista y taconea por el pasillo hasta el despacho del director de personal.

Los cuchicheos se multiplican: «Es una exagerada y una beata. ¡Qué le importará a ella si ella no estaba! Si a los que salen no les importa…».

Berta, que tampoco está en la foto, vuelve a mirarla una vez más, ahora de frente. Los michilenes, lorzas, pellejos, barrigas cerveceras vuelven a asaltarla desde la primera fila, donde un grupo de varones luce palmito en traje de baño, dejando ver más de lo que la estética aconseja, sí, incluso, aquel guaperas de la esquina marca paquete con aquel bañador que no vestiría un saltador olímpico. Pechos y barrigas al aire, pelos en los sobacos que contrarrestan las calvas mal disimuladas…

Y en segunda fila, o en primera, pero tampándose discretamente con la toalla o un pareo, aparecen las chicas: una se agacha, otra se esconde, otra asoma disimuladamente solo la cabeza…, más de una no parece estar a gusto en la foto, pero sin duda la vergüenza de oponerse al resto ha sido mayor que la de exhibir un traje de baño que tapa demasiado…

Por muy normal que sea el bañador en la playa, y aunque —¡fuera complejos!— cada uno pueda lucir los michelines que tenga, hay fotos que nunca deberían tomarse y menos exhibirse. Sí, al guaperas del paquete tampoco le hizo ninguna gracia verse en la foto, pero disimuló y sonrió e incluso bromeó ante las compañeras:

—¿A que hemos salidos irresistibles, chicas?

Y ahora, leyendo polémicas veraniegas sobre el burkini, y aunque nada tenga que ver, me he acordado de pronto de aquella foto que no debió tomarse, y menos distribuirse, y es que no puede haber ética sin estética, y el decoro no se mide por los centímetros de piel femenina, sobre todo femenina, que puedan quedar a la vista.

 

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Una respuesta a La foto

  1. Las fotos de ahora morirán cuando su soporte sę quede obsoleto. Esa suerte tenemos. Un abrazo, Coro.

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