¡Benditas hemerotecas!

 

escudo heráldico en piedra rajado

Hola, Alonso:

Aunque nunca vayas a leer esto, pero nunca se sabe, te escribo como en aquellos meses del 2006. Han pasado once años y todavía me parece que fue ayer cuando te fuiste.

No sé si como entonces estarás al tanto de lo que ocurre en España, sobre todo de lo que pasa en el mundo de la cultura, y es que hay una novela que está haciendo furor y removiendo conciencias y recuerdos como ninguna otra, y sí, a mí también me ha traído los míos, y ya conté alguno, como no podía ser menos. Confieso que mi memoria me juega malas pasadas, confundo los años, y por eso me tengo que ayudar de los periódicos, que afortunadamente hoy está casi todo on line.

Me ha ayudado a ello una amiga virtual, María Ángeles, que estuvo de maestra doce años en el País Vasco en los «años de plomo» y ahora recuerda sus vivencias. Muy aconsejables, de verdad, y muy sinceras. Seguro que a ti también te remueve algo, y aunque te decepcione en algunos aspectos, si puedes, lee también la novela, si es que no la has leído ya. Ya, ya sé que tú eres de otro tipo de lecturas, yo también, pero hay que leer también de vez en cuando lo que escriben y sobre todo lo que leen los otros.

Recuerdo bien aquel día frío de la Navidad del 2005 en que pasaste a despedirte del abuelo. Estaba ya muy enfermo y lo sabíamos. Yo creo que apenas se dio cuenta de que te ibas, de que te marchabas a Inglaterra, que te habían dado la beca, y de que ya no te volvería a ver, a ti, que siempre fuiste su nieto preferido. Entre unas cosas y otras, tu madre, la abuela y yo misma, sentíamos que te fueras, pero sobre todo tu madre se alegraba de que pusieras tierra por medio, que cambiaras de aires, que la tenías en un sinvivir desde aquella vez que te detuvieron en aquella manifestación…

Y te prometí que te iría dando noticias de cómo andaba el abuelo y de los demás asuntos familiares, y también de lo que pasaba por aquí, aunque tú te enterabas antes que yo, los colegas te mantenían bien informado.

Aquel día —22 o 23 de marzo me dicen las hemerotecas— recuerdo que te escribí con una especial excitación, el abuelo empeoraba a ojos vistas, pero no era esa la noticia, la noticia era que ETA había anunciado un alto al fuego, había esperanza, había una esperanza de paz, de que cesaran las muertes, y sabía que ello a ti también te iba a dar una esperanza.

Recuerdo la muerte de Juan Carlos, no hace mucho que encontré el papel que entonces garrapateé, y recuerdo a tu madre en mitad de la cocina, viendo en la televisión a Karlos Arguiñano decir: «Por la paz en Euskadi yo haría cualquier cosa, me pondría hacer carreteras yo solo». A mí me hizo sonreír aquella frase, tu madre andaba como embobada. No fue el mismo día, no, es que se me mezclan los recuerdos, y en eso no me ayudan las hemerotecas.

Tampoco me ayudan mucho cuando trató de recordar quién fue aquel etarra que se suicidó en extrañas circunstancias… Aquel día había bajado al colmado de Jose, la tiendecita esa de toda la vida, al lado de la casa de la abuela, y allí estaban las vecinas comentando, se alegraban, se alegraban porque por lo menos aquel no mataría a nadie más… Jose, sin embargo, estaba seria, más seria que ningún día: «Es triste que tenga que terminar todo así, siempre muriendo alguien, ya sean unos o sean otros». Aquellas palabras no se me olvidarán jamás, y vuelven a mí cuando algo ocurre.

Dos parroquianas se miraron y salieron cuchicheando de la tienda. Yo no comenté nada, era una mujer tan adusta y además no había confianza, pero me hubiera gustado abrazarla por aquella lección de sensatez. Jose tenía tres hijos, uno como tú, no sé si te acordarás de él. Eran unos chicos tranquilos, que nunca se metieron en nada, pero yo creo que estaba pensando en ellos mientras daba golpes secos a la bacaladera.

La vuelta por las hemerotecas me ha recordado muchas cosas, y por supuesto me he acordado de ti, de aquellos meses en que te mandaba puntualmente las noticias del abuelo. ETA volvió a atentar en Barajas al final de aquel mismo año, y nuestras esperanzas se derrumbaron. Tú seguías en Inglaterra, y ahora, después de tantos años estás pensando en que quizá sea tiempo de volver. Al final siempre volvemos.

Los comentarios de mi amiga virtual me han hecho recordar cuando yo también salí un poco huyendo, y las hemerotecas me ayudan a poner orden en la confusión de fechas.

Mi salud bien, no te preocupes. Ya hablaremos cuando vuelvas.

A María Ángeles Merino, por su conmovedora lectura de Patria, que ha mejorado en mucho el original.

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2 respuestas a ¡Benditas hemerotecas!

  1. ¡Me emociona tu carta a Alonso, Coro En! Nunca hubiera imaginado María Ángeles, tu amiga virtual, que una novela habría de llevarla de nuevo a lo que vivió y sintió con veintitantos y treinta y poco, en los años de hierro, en Euskadi. Todavía he de escribir otra entrada, no sé lo que saldrá…Gracias por tus palabras.

  2. El mérito es de la buena literatura y de los lectores que la van enriqueciendo y nos enriquecen a su vez compartiendo lo que les sugiere.

    Eres una lectora modélica.

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