Esperando la puesta de sol

Son muy jóvenes.

Llegan casi al mismo tiempo, ella avanza despacio a su encuentro, él se baja del coche de un amigo, se besan.

Enlazan sus manos, él le pasa el brazo por la espalda, ella se deja llevar. Se ha levantado un viento desagradable y buscan el abrigo de invierno donde los viejos toman el sol a primera hora de la tarde.

bancoconazulejos

El paseante sigue su camino, no es cosa de quedarse mirando cómo se aman dos jóvenes. Quizá le traen recuerdos de otros veranos a ese hombre maduro que inicia su diario paseo vespertino en una ciudad demasiado vacía en el mes de agosto.

Hay razones diferentes para no huir hacia la playa más próxima, para quedarse allí, en la ciudad recalentada, esperando los escasos días de alivio que una climatología loca deja caer de vez en cuando, aprovechando las sombras de los altos tilos, bajando las persianas y saliendo de casa cuando ya la mayor parte de la ciudad esté a la sombra, aunque el asfalto esté todavía demasiado caliente…

Sus razones serán probablemente distintas a las de ellos, a las de aquellos chicos a los que no les importa sentarse al sol, esperando con ilusión que el cielo se tiña de rojo para volver a besarse, para volver a renovar su amor una y cien veces en una tarde si es preciso.

A la vuelta aún siguen en el mismo sitio, los ve desde el caminillo del parque, con las cabezas muy juntas, no es difícil adivinar qué se murmuran, mientras el sol se hunde irremediablemente en el horizonte.

El paseante conoce bien ese lugar, y los matices que la luz va dejando en el horizonte hasta convertirse en una franja negra, que las luces del parque se encargarán de dejar en la zona de sombra.

Es su banco. Disimuladamente vuelve a mirarlos una vez más y prudentemente sigue su camino.

Hay todavía muchas tardes y sabe por experiencia que el banco no tardará muchos días en quedarse otra vez vacío.

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Una respuesta a Esperando la puesta de sol

  1. El sol rojo se esconde y cree conocer a los enamorados; pero son otros.
    Disfruto con tus relatos.
    Un abrazo, Coro.

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