La política

Pobre del país en el que los políticos tienen miedo a la política y se comportan como meros contadores de votos (Pedro Ojeda, 21-diciembre-2015)

Díficil se hace en estos días imaginarse el panorama electoral a mediados del XIX en la Galicia más escondida y rural, aunque no tanto como para que dos caciques jueguen sus bazas y coloquen a sus peones en Madrid vistiéndolos de reyes. La política nunca fue fácil.

Espadaña de ojo doble con na campana en un frondoso paisaje verde

En la parte central de la novela, vemos a Pedro Moscoso metido en política. No le ha costado mucho al zorro de su mayordomo convencerlo, el punto flaco del señorito, su orgullo de raza salta a la vista:

Él era la primera persona del país, la más importante, la de origen más ilustre: su familia, desde tiempo inmemorial, figuraba al frente de la nobleza comarcana.

pequeña ermita románica¿Cuáles eran sus ideales, aparte, de ese orgullo de raza que lo impulsa?Difícil se nos hace distinguirlos en ese barullo de intrigas, al igual que se nos hace difícil acercarnos a la ideología política de los otros personajes.

Detengámonos por un momento en ver cómo llegan a la aldea los acontecimientos de la Revolución del 68. Julián —ya hemos visto que es él quien narra la historia— acude a Naya a contar sus cuitas a su amigo Eugenio, el abad, pero se lo encuentra algo revolucionado con la política, de tal manera que apenas pone oídos a los problemas domésticos del curita de los Pazos:

Encontróle todo alborotado con los noticiones políticos, que acababan de confirmar los pocos periódicos que se recibían en aquellos andurriales. La marina se había sublevado, echando del trono a la reina, y ésta se encontraba ya en Francia, y se constituía un gobierno provisional, y se contaba de una batalla reñidísima en el puente de Alcolea, y el ejército se adhería, y el diablo y su madre… Don Eugenio andaba, de puro excitado, medio loco, proyectando irse a Santiago sin dilación para saber noticias ciertas. ¡Qué dirían el señor Arcipreste y el abad de Boán! ¿Y Barbacana? Ahora sí que Barbacana estaba fresco: su eterno adversario Trampeta, amigo de los unionistas, se le montaría encima por los siglos de los siglos, amén.

La política nacional vista a través de la política local, y los dos eternos caciques, rivales políticos, tomando el protagonismo, como fiel reflejo de una España embarullada donde la mayoría de los que tienen voto —ya no hablamos de los que ni tan siquiera tienen voz— acogotados por los que han sabido hacerse los amos del poco dinero que corre.

¿Y Julián? Julián pertenece a esa gran mayoría de españoles que dice aborrecer la política pero que acude puntualmente a las urnas a depositar su papeleta y cuyos resultados vemos convocatoria tras convocatoria, con poltrona asegurada para algún corrupto huido.

¿Con que usted no tiene ideas políticas? A otro perro con ese hueso, padre Julián… usted tiene que estar por el feudalismo y la teocracia.

Julián y Nucha sueñan con el milagro político de Madrid, porque quizá allí, alejado de las malas influencias del terruño Pedro Moscoso cambie, pero el marqués no había sabido ver la jugarreta que le preparaba su mayordomo en sus mismas barbas, entre comilona y comilona, entre el arriba y abajo de amos y criados y pierde.

La persona en quien se notó mayor sentimiento por la pérdida de las elecciones fue Nucha.

La Pardo Bazán, que por razones familiares anduvo muy cerca de los poderes políticos, tenía claro que un político en campaña es capaz hasta de reconstruir capillas arruinadas, pero de las elecciones salen exhaustos hasta los autobuses de campaña.

Si unas elecciones durasen mucho, acabarían con quien las maneja, a puro cansancio, molimiento y tensión del cuerpo y del espíritu, pues los odios enconados, la perpetua sospecha de traición, las ardientes promesas, las amenazas, las murmuraciones, las correrías y cartas incesantes, los mensajes, las intrigas, la falta de sueño, las comidas sin orden, componen una existencia vertiginosa e inaguantable. Acerca de los inconvenientes prácticos del sistema parlamentario estaban muy de acuerdo la yegua y la borrica que, con un caballo recio y joven nuevamente adquirido por el mayordomo para su uso privado, completaban las caballerizas de los Pazos de Ulloa. ¡Buenas cosas pensaban ellos de las elecciones allá en su mente asnal y rocinesca, mientras jadeaban exánimes de tanto trotar, y humeaba todo su pobre cuerpo bañado en sudor!

Por lo demás, siempre Forges.

Forges, 21 de diciembre del 2015
Comentario a Los Pazos de Ulloa en La Acequia.

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3 respuestas a La política

  1. Fue un tiempo difícil. Todo estaba por inventar y los derechos fueron ganándose uno a uno, con lucha y revoluciones. Quienes tenían el poder no estaban dispuestos a cederlo…
    Bien traída esta entrada, bien traída.

  2. Paco Cuesta dijo:

    La literatura de la época (al menos alguna) se ocupó de criticar a prácticamente todo lo que se movía en en las esferas de poder y como dices, doña Emilia andaba cerca del tema, lo conocía.
    Gracias

  3. La política de aquella época tenía puntos en común con la de ahora, a pesar de lo lejanos que vemos esos años de finales del XIX. Caciquismo…ahora hay nuevos caciques. En mi ciudad, por ponerte un ejemplo, todos dicen que el que mueve todos los hilos es…Pucherazos…espero que no. Y la primera página de la novela ya habla de corrupción…como ahora.
    Un buen análisis el tuyo. Y Forges genial.
    Un abrazo y pasa felices días, Coro.

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